Capítulo IV
Es a comienzos del siglo pasado cuando la Procesión de Viernes Santo va tomando poco a poco la forma que hoy en día tiene.
Se puede decir que desde principios del siglo XX la procesión del Viernes Santo empieza a tomar la organización actual y así en el año 1920 eran nueve los pasos que componían la procesión del Santo Entierro: 1-La Oración del Huerto, 2-Jesús atado a la Columna, 3-Jesús Coronado de Espinas (El Medio Cuerpo), 4- Nazareno, 5-La Crucifixión, 6-El Descendimiento, 7-Jesús en los Brazos de su Madre (La Piedad), 8-El Sepulcro y 9-La Dolorosa.
Los pasos 2º, 3º y 4º eran llevados por los 16 cofrades de la Cofradía del Nazareno. El resto por penitentes devotos de pasos de su advocación, que en muchos casos, siempre eran los mismos. Los cofrades del Nazareno iban con una túnica y capuchón morado tipo verdugo. El resto de penitentes portadores de los pasos iban con unos hábitos y tapados e incluso muchos de paisano. El orden de la procesión era:
Los pasos iban siempre por el centro de la calzada, junto a los penitentes portadores y relevos, y el público en general iba acompañando a la procesión en dos filas laterales con velas encendidas, habiendo más mujeres que hombres por lo general. Al final iba la presidencia con las autoridades civiles y eclesiásticas con el cabildo en pleno y cerrando iba la banda de música entonando música sacra. También se cantaban motivos penitenciales por los fieles y el coro. Atención especial merecían las llamadas "manolas", señoritas o señoras ataviadas con traje negro, mantilla y peineta ya que iban detrás de los pasos de su devoción y en gran número. Asimismo, iban en cantidad numerosa penitentes/as con vestido negro, la cara tapada con velos, calzados o descalzos y hasta con cadenas en los pies, arrastrándolas en cumplimiento de votos.
Una vez terminada la procesión, los hombres que llevaban los pasos entraban en la sacristía para recibir un obsequio que consistía en un puro, un paquete de bizcochos y una botella de vino de consagrar. Así eran aquellos tiempos de la primera mitad del siglo XX.
Los años 1932, 33 y 34, la procesión de Viernes Santo no salió a las calles, ya que las autoridades civiles lo prohibieron por las condiciones políticas de aquellos años, celebrándose los cultos dentro de las iglesias de la capital. En el año 1935 otra vez volvieron a salir los pasos en la procesión del Viernes Santo, siendo dicho año de una masiva presencia de fieles, igual penitentes como acompañantes y presenciando la misma toda la ciudad de Logroño. Lo mismo ocurrió en los años siguientes, y entonces, a partir de 1938 se comenzó a pensar por parte de varias personas y grupos religiosos en el deseo de llegar a poseer como en otras poblaciones cercanas, alguna organización seglar que diese carácter más solemne a la procesión del Viernes Santo. Aquella inquietud que se palpaba en el ambiente en los años 1938 y 1939 se plasmó en la formación de una comisión organizadora que se encargó de iniciar las gestiones para la creación de una Hermandad que se encargase de dar más solemnidad a la Semana Santa Logroñesa. Esta idea se le comunicó al obispo de la Diócesis, don Fidel García, el cual aprobó totalmente la idea y la comisión redactó unos estatutos por los que se regiría la futura Hermandad. Todas estas gestiones contaron también con la aprobación del cabildo de la insigne iglesia colegial de Santa María de la Redonda, domicilio donde la futura Hermandad se erigía y después de elevar oficialmente al señor obispo los estatutos, éste los aprueba en los primeros días de febrero de 1940. Y de esta forma nació oficialmente la Hermandad de la Pasión y el Santo Entierro.
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